Investigadores finlandeses ponen de manifiesto los peligros de pasar muchas horas delante de las pantallas, sobre todo para la salud mental de los jóvenes.
Hoy en día todo el mundo utiliza móviles, y pasa mucho tiempo en redes sociales, sobre todo aquellos que forman parte de la llamada generación Z. Sin embargo, muchos expertos suelen coincidir en que los efectos a largo plazo de estas costumbres todavía no terminan de conocerse, pero podrían acabar por ser realmente perjudiciales, en muchos sentidos distintos.
Eso al menos es lo que pone de manifiesto un nuevo estudio creado por profesores de las Universidades de Jyväskylä y Finlandia Oriental. Según ellos, las consecuencias del abuso de dispositivos móviles pueden experimentarse en los jóvenes tanto a nivel mental como físico. Sobre todo en las personas de menor edad, es habitual encontrarse con problemas de ansiedad o falta de sueño.
La generación Z y los peligros de la tecnología.
Aunque no es la primera vez que se llegan a conclusiones similares, la investigación considerara que los resultados son peores de lo que se esperaba. En concreto, señala que el tiempo excesivo frente a las pantallas, especialmente los móviles, se ha convertido en un factor determinante en los niveles de ansiedad de muchos jóvenes que forman parte de la generación Z.
De hecho, los autores del trabajo encontraron una relación directa entre el uso prolongado de estos dispositivos y un aumento de los síntomas de estrés, depresión y dificultades para dormir. Además, se insistió una vez más en un hecho conocido: las pantallas, cuando se pasa tiempo delante de ellas, por ejemplo, en redes sociales, puede igualmente provocar episodios de insomnio.
La explicación es sencilla: la luz azul emitida por las pantallas interfiere con la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, algo que en muchas ocasiones altera los ciclos circadianos. No son pocos los expertos que coinciden en recomendar que no se use demasiado el teléfono en la cama, o cuando uno ya se prepare para irse a dormir, un rato antes.
Pero lo que más parece preocupar a los finlandeses es probablemente la ansiedad. Mucha gente perteneciente a la generación Z vive en un mundo constantemente conectado, lo que provoca que responder a los mensajes de sus contactos (en el móvil o en redes, que para el caso es lo mismo) o atender notificaciones termine por convertirse en toda una obsesión constante.
La importancia de aprender a desconectar, aunque sea de vez en cuando.
Entre las soluciones para evitar este tipo de problemas, están las más obvias, como reducir el tiempo que se pasa con las pantallas, sobre todo durante la noche, pero también otras más exigentes. No solo hace falta establecer límites en el tiempo que los jóvenes pasan conectados, sino después conseguir que estos se cumplan. Lo cual no siempre sucede.
Además, los especialistas en la materia insisten en lo importante que resulta fomentar las relaciones cara a cara. Es decir, fomentar lo real por encima de lo digital. Porque por cómodo que pueda resultar en el fondo esto último, los resultados parecen demostrar que no sirven a la larga, si se quiere estar medianamente satisfecho.